Expertos advierten riesgos: gobierno elevará capacidad de importación y regasificación

Las iniciativas incluyen ampliaciones en Cartagena y nuevos desarrollos en La Guajira y Coveñas, con una capacidad combinada que podría superar los 1.600 millones de pies cúbicos diarios hacia 2028. Sin embargo, advierte que la caída de la demanda introduce incertidumbre para la viabilidad económica de esta infraestructura.

Colombia proyecta una expansión acelerada de su infraestructura para importar gas natural licuado (GNL), con terminales en marcha en el Caribe y la región norte, además de varios desarrollos conceptuales en estudio. El ritmo de inversión, sin embargo, contrasta con una demanda que tiende a la baja, lo que podría comprometer la viabilidad económica de varios de estos proyectos.

Actualmente, el país cuenta con una terminal operativa en Cartagena —SPEC, operada por Promigas y Vopak— que maneja cerca de 465 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) y prevé una ampliación hasta 533 MPCD hacia 2027. A esta se sumará una nueva infraestructura en Puerto Bahía, impulsada por Ecopetrol y Frontera Energy, cuya entrada inicial se estima en 126 MPCD desde el tercer trimestre de 2026, con crecimiento progresivo hasta 370 MPCD en 2028.

En paralelo, se desarrollan otros proyectos en zonas clave como La Guajira y Coveñas. En el primero, TGI y Hocol lideran junto a Ecopetrol la iniciativa Ballena LNG, con inversión estimada en USD 150 millones y una capacidad objetivo de 300 MPCD. En el segundo, la alianza Ecopetrol–Cenit avanza en una unidad flotante de regasificación (FSRU) con una fase inicial de 110 MPCD y una meta futura de 400 MPCD.

Más allá de estas obras principales, hay al menos ocho iniciativas adicionales en fase conceptual —entre ellas Ciénaga LNG, Andes Energy Terminal y Brisa Terminal— con capacidades entre 20 y 400 MPCD. A pesar del despliegue, el analista energético Sergio Cabrales advierte que el escenario no es lineal.

“Una demanda que se contrae a este ritmo introduce riesgos relevantes para la planificación de infraestructura futura y la sostenibilidad económica de estos proyectos”, puntualiza el experto. La paradoja es clara: mientras se construye más capacidad, podría haber menos gas que demandarla.