Vacunación incompleta abre la puerta al sarampión en Colombia, advierten epidemiólogos

La mayoría de los territorios no alcanza el 95 % necesario para inmunidad colectiva y la segunda dosis presenta descensos críticos en ciudades y zonas rurales. Con coberturas entre 50 % y 85 %, miles de niños quedan con protección incompleta. La confirmación de tres casos importados de sarampión ocurre en un contexto de inmunidad fragmentada que podría facilitar brotes sostenidos si no se corrigen las brechas.

Proyecciones de cobertura de la vacuna triple viral (TV) para diciembre de 2025 confirman un problema estructural en el programa de inmunización colombiano: la protección poblacional contra el sarampión es heterogénea, inestable y, en numerosos territorios, insuficiente para prevenir la circulación del virus. El umbral del 95 % requerido para inmunidad colectiva no se alcanza de forma sostenida en la primera dosis y se rompe de manera crítica en la segunda, aplicada a los 18 meses.

El análisis departamental muestra un país dividido. Territorios con mayor capacidad operativa —como Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca y Atlántico— se mueven entre el 90 % y el 96 % en la primera dosis, lo que sugiere coberturas aceptables pero frágiles. En contraste, departamentos con dispersión geográfica y limitaciones estructurales, como La Guajira, Bolívar o Vaupés, se mantienen por debajo del 88 %, lo que evidencia barreras persistentes de acceso y seguimiento.

La fractura más grave aparece en la segunda dosis. Allí se registran descensos abruptos: Vichada cae por debajo del 50 %, Guainía ronda el 70 %, Buenaventura apenas supera el 70 % y varios departamentos del Caribe y la Amazonía se sitúan entre el 75 % y el 85 %. Incluso territorios con buen desempeño inicial no logran retener a la población infantil en el esquema completo, lo que revela fallas en trazabilidad, educación sanitaria y continuidad del servicio.

Para el epidemiólogo Luis Jorge Hernández, coordinador del Observatorio de Salud Pública, estas cifras no son un fenómeno coyuntural sino la evidencia de un deterioro progresivo del programa. “La mayoría de los territorios no alcanza el 95 %, umbral mínimo para inmunidad colectiva. Pero lo más preocupante es la caída sistemática de la segunda dosis: allí es donde se fractura la protección poblacional y aparecen los bolsillos de susceptibilidad”, advirtió.

El experto subraya que, desde una perspectiva epidemiológica, el escenario actual cumple todas las condiciones para la reintroducción del virus. “El virus puede circular, la importación puede amplificarse y los brotes pueden sostenerse. Cuando la inmunidad está fragmentada, el sarampión encuentra rutas de transmisión incluso en países con programas de vacunación históricos”, explicó.

La detección reciente de tres casos importados de sarampión se produce en un país donde amplios segmentos infantiles no han completado el esquema. Dada la alta contagiosidad del virus —capaz de transmitirse días antes de la aparición del sarpullido y permanecer en el aire en espacios cerrados— un solo caso puede desencadenar brotes en comunidades con coberturas inferiores al estándar.

Como se sabe, el sarampión es una infección viral prevenible que comienza con fiebre, tos, congestión nasal y conjuntivitis, seguida de un sarpullido que se extiende desde el rostro al resto del cuerpo. Puede derivar en neumonía, encefalitis y muerte, especialmente en niños pequeños sin vacunación completa. A nivel mundial aún causa más de 200.000 muertes anuales, lo que demuestra que la enfermedad persiste allí donde las coberturas fallan.

Hernández advierte que el país enfrenta una encrucijada sanitaria: “No basta con mantener coberturas promedio; se necesita homogeneidad territorial y cierre efectivo del esquema. Cada niño sin segunda dosis es una puerta abierta para el virus”. En su criterio, la respuesta debe incluir búsqueda activa de menores, seguimiento nominal, vacunación extramural y estrategias diferenciadas para territorios rurales, fronterizos y urbanos periféricos.

Sin estas medidas, concluyen los expertos, Colombia podría ver erosionado uno de sus mayores logros en salud pública. La eliminación del sarampión no depende solo de vacunar, sino de asegurar que ninguna región ni cohorte infantil quede atrás.