Uribe y la maldición de Santos, el inicio del declive del Centro Democrático

A pesar de su liderazgo popular y coherencia ideológica, María Fernanda Cabal fue nuevamente postergada por el Centro Democrático, que eligió a Paloma Valencia como candidata presidencial para 2026 —una decisión que recuerda la traición de Santos a Uribe y que pone en riesgo la posibilidad real de frenar el avance de la izquierda radical.

En un nuevo capítulo que evoca la traumática ruptura entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, el Centro Democrático (CD) vuelve a enfrentarse a una encrucijada interna que pone en duda su coherencia estratégica y su capacidad para capitalizar el descontento ciudadano frente al gobierno de Gustavo Petro. Esta vez, el foco recae en la precandidata María Fernanda Cabal Molina, la figura más votada del partido en las elecciones legislativas de 2022 y la que, según encuestas recientes y análisis políticos, representa el mayor potencial electoral frente a un escenario dominado por el descrédito del oficialismo.

Sin embargo, y pese a su creciente liderazgo nacional, respaldado por posturas firmes en defensa de la seguridad, la propiedad privada, la institucionalidad y el rechazo frontal a cualquier negociación con grupos armados ilegales, Cabal fue nuevamente marginada en la definición de la candidatura presidencial del CD para 2026. En su lugar, el partido, con la última palabra que para nadie es un secreto, aún en manos de su fundador, el expresidente Álvaro Uribe, optó por Paloma Valencia, una figura respetada en los círculos conservadores, pero con menor proyección nacional y sin el carisma ni el anclaje territorial que ha construido Cabal. Lorena González una de las influencers de la oposición manifestó: “@MariaFdaCabal No necesita cargos para liderar, porque su firmeza, coherencia y decisión siguen marcando el rumbo de Colombia”. Reiterando que era y sigue siendo la más fuerte de su partido.

El fantasma de Santos y la “des-Cabalización”

La decisión ha generado no poca conmoción entre las bases del CD, entre los analistas políticos y seguidores. Algunos ya la califican como una “des-Cabalización”, en clara alusión al proceso que vivió Juan Manuel Santos tras ser elegido presidente en 2010 con el respaldo uribista, para luego distanciarse radicalmente del expresidente y liderar las negociaciones de paz con las FARC, un giro que muchos consideran entreguista y que marcó un antes y un después en la credibilidad política de Uribe. ““La lealtad es la virtud más escasa en la política” @MariaFdaCabal “Cuando un político es leal tiene reconocimiento, respeto y admiración porque tiene palabra” ¡Gracias querida Generala por cada enseñanza, y por ser inquebrantable”! #SoyCabal, escribió uno de sus seguidores en X.

Pero la diferencia es notable, mientras Santos cambió de rumbo tras ganar el poder, Cabal ha mantenido una coherencia ideológica admirable. No ha cedido en su rechazo a las políticas de tierras impulsadas por el gobierno Petro, ha denunciado los vínculos entre el actual régimen y estructuras criminales, y se ha erigido como una de las voces más críticas de la supuesta “paz total” que, según ella y muchos analistas, solo ha fortalecido a los enemigos del Estado.

Un partido dividido, una izquierda unida

Mientras el CD navega en aguas turbulentas entre retiradas como la de Andrés Guerra, conflictos internos con figuras como Miguel Uribe Turbay y tensiones latentes entre sus cúpulas regionales y nacionales, al parecer, la izquierda avanza con paso firme. Iván Cepeda, brazo ideológico del petrismo más radical, ya se perfila como el candidato natural de la coalición gobernante, con el respaldo de estructuras partidistas consolidadas y una narrativa que apela a la “justicia social” y la “reparación histórica”.

En este contexto, la apuesta por Paloma Valencia —descrita por algunos especialistas como “una buena oradora, pero sin peso electoral suficiente”— parece más un ejercicio de lealtad interna que una estrategia basada en datos. Cabal, en cambio, ha demostrado capacidad de movilizar votos más allá de los tradicionales bastiones del uribismo: en Antioquia, el Eje Cafetero, los Llanos y hasta sectores del Caribe, su mensaje encuentra eco en ciudadanos hartos de la inseguridad, la burocracia y la ideologización del Estado.

¿No le gusta a Uribe que Cabal piense por sí misma?

Una pregunta incómoda resuena en los pasillos del Congreso y en los foros políticos: ¿teme Uribe una figura con autonomía real dentro de su propio círculo? Algunos allegados al expresidente aseguran que, aunque reconoce el valor de Cabal, prefiere candidatos más alineados con su visión centralizada del liderazgo. Otros, más críticos, afirman que Uribe aún no ha superado la herida de la traición de Santos, y por ello desconfía de figuras que puedan, en algún momento, “romper el molde”.

Pero el país ya no es el mismo de 2010. Hoy, los votantes exigen coherencia, firmeza y resultados. Y en ese tablero, María Fernanda Cabal ha demostrado, con hechos y no solo con discursos, que puede encarnar la alternativa que millones de colombianos buscan para frenar el avance de un proyecto que, según sus detractores, ha puesto en riesgo la estabilidad democrática y la seguridad nacional.

¿Un error de cálculo o un acto de desconfianza?

La decisión del CD de postular a Paloma Valencia sobre María Fernanda Cabal podría interpretarse de dos maneras: o como un error estratégico que entrega la iniciativa a la izquierda, o como un acto de desconfianza hacia una mujer que ha construido su liderazgo sin pedir permiso. En cualquiera de los casos, el mensaje que envía el partido es claro: “el que manda es Uribe”. No obstante, y pese a que Cabal no está en ninguna lista, sus fieles seguidores, siguen creyendo en su proyecto: “Muchos piensan que este es el final, pero se equivocan: ¡Esto apenas comienza! El compromiso de @MariaFdaCabal es superior a cualquier coyuntura política. Seguiremos trabajando sin descanso por la libertad y el orden”. ¡Lo mejor está por venir!

Pero en una Colombia fracturada, con un gobierno impopular y una ciudadanía ávida de cambio, la hora de los gestos simbólicos ya pasó. Ahora, más que nunca, el país necesita líderes que hablen con la verdad, actúen con firmeza y no teman romper moldes. ¿Será que el Centro Democrático acaba de dejar ir a la suya?