El banco estima que el ajuste real será el más alto en décadas y que presionará inflación, déficit fiscal y tasa de cambio, con riesgos adicionales de mayor informalidad laboral en un contexto de bajo crecimiento y alta indexación.
JP Morgan divulgó un análisis sobre el incremento del salario mínimo decretado para 2026 en Colombia. Lo definió como “a minimum-wage quake”, es decir, un ‘sismo’, al considerar que el ajuste rompe los patrones habituales de negociación y reconfigura el escenario macroeconómico del próximo año.
Según el banco, el aumento total —incluido el auxilio de transporte— alcanzaría 23,2 %. Con esa variación, el salario mínimo real crecería 17 % frente a la inflación prevista para 2025. No solo destaca la magnitud del incremento; también el grado de indexación de la economía colombiana, factor que multiplica sus efectos sobre precios y gasto público.
El documento subraya que el salario mínimo opera como ancla para contratos, tarifas, sanciones, aportes, copagos y transferencias oficiales. Por esa razón, el impacto trasciende el ingreso de los trabajadores formales y se extiende a múltiples precios regulados.
De forma textual afirma que “el aumento decretado no solo eleva el ingreso de una franja relevante de la población ocupada; también activa mecanismos de indexación que amplifican sus efectos sobre la inflación, la política monetaria, las cuentas fiscales y, potencialmente, la tasa de cambio, generando impactos no lineales que deben ser monitoreados con atención”.
Respecto a la inflación, el informe resalta que servicios como educación y salud mantienen variaciones elevadas. Bajo ese entorno, el nuevo salario mínimo podría prolongar la convergencia hacia la meta del Banco de la República. Sobre el particular, señala que “el ajuste llega en un contexto en el que la inflación de servicios sigue elevada y la convergencia a la meta del banco central no se ha completado, por lo que el incremento salarial probablemente intensificará dichas presiones y retrasará la normalización de precios durante 2026”.
Respecto del mercado laboral, la entidad no prevé un salto abrupto del desempleo; sin embargo, advierte un cambio en su composición. Podría aumentar la informalidad debido al mayor costo laboral unitario para micro y pequeñas empresas, particularmente en actividades intensivas en mano de obra.
Desde la óptica fiscal, el reporte enfatiza que buena parte del gasto público está indexada al salario mínimo. Transferencias y subsidios crecerían de manera automática. En su escenario base, “el déficit primario podría aumentar entre 0,5 y 0,9 puntos del PIB debido al incremento del gasto atado por norma al salario mínimo, incluso en un escenario conservador de crecimiento económico y recaudo”.
Adicionalmente, plantea un frente cambiario: un deterioro de las cuentas fiscales o un aumento de la incertidumbre política podría traducirse en más volatilidad del peso. Mientras tanto, el consumo de los hogares recibiría un impulso inicial, cuya duración dependerá de la reacción de los precios y de la política monetaria.
Finalmente, JP Morgan concluye que el resultado final quedará condicionado por disciplina fiscal, credibilidad de la política económica y administración de los efectos de segunda ronda del nuevo salario mínimo.



