¿Petro puede ser nuestro gobernante?  

BERNARDO HENAO JARAMILLO

Columnista de Opinión

Karl Popper, en su texto “Las paradojas de la soberanía” escrito en 1945, se cuestionaba: “Pero esto nos lleva a un nuevo enfoque del problema de la política pues nos obliga a sustituir la pregunta ¿Quién debería gobernar? Por un nuevo interrogante ¿Cómo podemos organizar las instituciones políticas, de tal manera que se impida a los gobernantes malos e incompetentes hacer demasiado daño?”. Muy oportuno para la actual situación interpretar que Popper predica que las instituciones que faciliten la mala política y los malos políticos deben ser controlados por la ciudadanía para que gobiernen bien.

En esa vía encontramos que aquéllos que creyeron en la promesas de Gustavo Petro que tomó posesión de la presidencia de la República el 7 de agosto de 2022 al Gustavo Petro de hoy, a un año escaso de ese evento, hay una distancia enorme. Lamentablemente, el presidente Petro se quedó en el discurso del “cambio”, pero hoy está desquiciado, obnubilado por el poder, enfermo, enloquecido, un daño para el país.

No tiene límites, como a diario se vive, por ejemplo, en su reciente viaje a París desapareció durante 2 días, irrumpiendo en el normal desarrollo de sus labores como gobernante y, además, perjudicando su séquito que no pudo regresar en la fecha prevista. Posteriormente apareció sin entregar ninguna explicación verdaderamente justificativa de esa “pérdida”.

Se registró en el decreto 1003 de 24 de junio de este año, que ese suceso obedeció a «razones de orden técnico aeroportuarias” lo cual, de conformidad con la realidad no sucedió.

A su regreso de París tampoco dio cuenta de su proceder. Para solventar su dejación del cargo se limitó a viajar a la Guajira, donde pronunció las siguientes sabias palabras:

«Hemos decidido que una pista internacional se ponga en el extremo norte de la Guajira y se llame Almirante José Prudencio Padilla porque será motor de un turismo en el que queremos que exista una asociatividad Wayuu».

Semejante desvarío motivó toda clase de comentarios, entre ellos, el de que esa pista internacional no sería para el turismo sino para el narcotráfico. Se dijo también que este proyecto puede compararse al ya conocido y delirante tren elevado Buenaventura Barranquilla.

La verdad es que el presidente Petro no mide sus palabras. Quizás se lo impida la arrogancia que lo caracteriza. Y acaba por convertirlo en un verdadero rey de burlas, en desmedro de la dignidad presidencial. No solo sufre la imagen presidencial sino también la imagen personal del presidente que hoy día es la de una especie de bufón vociferante.

Uno de los principios para la vida de los antiguos toltecas, que en el mundo de hoy hemos conocido gracias a su descendiente don Miguel Ruiz, es el siguiente: Se impecable con tu palabra, principio del cual lejos, muy lejos, se encuentra el presidente Petro.

No sólo por su endeble excusa frente a su “desaparición” sino porque insulta, literalmente y a cada rato no sólo la inteligencia del pueblo colombiano sino aún de la gente del exterior. Así, vale anotar que la nutrida marcha del pasado 20 de junio, según él, no fue significativa, porque no asistieron a la misma «las señoras de los tintos» y «los que pegan ladrillos», sino «clases medias arribistas» supuestas herederas de los que hace 2 siglos no querían renunciar a tener esclavos. De dónde  llegó a esa conclusión? De su imaginativo, incapaz de reconocer la voz del pueblo, de ”las calles” a las que agita en defensa de su gobierno.

En cambio, continúa con su burdo intento de dividir y polarizar, pese a pregonar la “paz total”, olvida que ahora es presidente de todos los colombianos, e intenta desvirtuar los hechos objetivos, expresión de una comunidad inconforme con su mandato. Las estadísticas son prueba de ello, la popularidad del ayer candidato hoy presidente desciende vertiginosamente, fruto de todas sus actuaciones, su incoherencia e impuntualidad, entre otras, son causa de ese declive.

Pero pasemos ahora a un tema no menos inquietante y es el de la Emergencia Económica, Social y Ecológica recientemente decretada con ocasión, justamente, de su viaje a la Guajira.

Respecto a esas determinaciones ha señalado la Corte Constitucional que se debe verificar que la emergencia se inscriba dentro de su definición, esto es: «aquella situación catastrófica que se deriva de causas naturales o técnicas y que produce una alteración grave e intempestiva de las condiciones sociales, económicas y ecológicas de una región o de todo el país, o, como aquella desgracia o infortunio que afecte intempestivamente a la sociedad o a un sector importante de ella y que perturbe o amenace perturbar de manera grave, inminente, el orden económico, social o ecológico».

Completamente evidente resulta que, en el caso que nos ocupa, no se cumplen las condiciones señaladas por la Corte. Quizá es una cortina de humo. No hay alteración grave e intempestiva o desgracia que afecte intempestivamente, en esa zona de nuestro territorio patrio. Luego, no hay argumento que legitime la situación de un decreto de emergencia.

¿Por qué, entonces, el presidente Petro lo presenta? Populismo, nada más.

Desconoce el artículo 215 de nuestra Constitución Político, y, lo que es peor, como sería en una tiranía, deja conocer que dizque habrá otras emergencias económicas en otros lugares del país, empezando con Buenaventura y Santander.

El “despiporre” sigue. En cuanto al decreto de «Cese al fuego bilateral y temporal» del pasado 5 de julio lo único que se vive en nuestro país es el desorden, la violencia, el caos,  de los criminales del ELN no se puede esperar ningún cese al fuego ni de nada. Ese “colectivo”, entre otras, continúan matando y secuestrando sin consideración, a más de reclutar menores, por lo cual ese decreto puede considerarse el comienzo de la claudicación del estado colombiano frente al narcoterrorismo.

Lo anterior puede sonar “inverosímil”, pero es tan cierto como que la terrorista alias Violeta, quien fuera detenida por la bomba puesta en el centro comercial Andino, hoy gestora de paz, se ha presentado a declarar públicamente, entre otras cosas, lo siguiente :

«Pertenecer al ELN es un proyecto de vida». Qué barbaridad, para eso sirvió integrarla al equipo negociador, para que haga semejante apología del delito frente a la juventud colombiana. A la par con el vil secuestro de una sargento y sus dos hijos, ya afortunadamente de regreso a la libertad.

A propósito de este secuestro el país quedó asombrado ante las declaraciones del ministro de Defensa que más parece ser ministro de la Indefensión. La sociedad civil debe impedir que se siga haciendo daño al país. El 19 de julio presentes.