La región Caribe se consolida como punto de entrada, mientras avanzan reconversiones y ampliaciones de infraestructura para llevar el suministro hacia el interior. Capacidades, flujos y costos de transporte comienzan a incidir directamente en precios, competitividad sectorial y seguridad energética.
El sistema de transporte de gas natural en Colombia atraviesa una fase de reconfiguración forzada por el descenso progresivo de la producción onshore. Ante ese escenario, el país ha acelerado la incorporación de gas natural licuado (GNL) como fuente de respaldo, concentrando la entrada del energético en la costa Caribe y reforzando los flujos hacia las regiones del interior.
Así lo expone Sergio Cabrales al señalar que “la caída sostenida de la producción onshore obliga a una mayor participación del gas natural licuado (GNL), con la costa Caribe como eje del suministro y flujos crecientes costa–interior”.
Ese cambio de matriz se refleja en la forma como hoy operan los principales corredores de transporte. Los datos técnicos disponibles muestran que tramos como Barranquilla–Ballena, con capacidad de 15 millones de pies cúbicos diarios, y Cartagena–Barranquilla, con 7 MMcmd, cumplen un rol determinante en el abastecimiento inicial. Desde allí, rutas como Ballena–Barrancabermeja (7,5 MMcmd) y Vasconia–Cusiana (13,3 MMcmd) sostienen el traslado hacia zonas industriales, centros urbanos y nodos de generación térmica.
A estos enlaces se suma el gasoducto Centro–Oriente, con una capacidad cercana a 12,5 MMcmd, que evidencia la presión creciente sobre las rutas que conectan el Caribe con el corazón productivo del país. En conjunto, estas cifras muestran un sistema que opera con márgenes cada vez más estrechos, especialmente en escenarios de alta demanda o contingencias operativas.
Frente a ese panorama, la estrategia de infraestructura se ha inclinado por maximizar activos ya existentes. Cabrales subraya que ésta “prioriza la optimización y reconversión de infraestructura existente —incluida la conversión del Oleoducto de Colombia, operado por Ecopetrol—, por presentar una mejor relación beneficio-costo y mayor rapidez frente a nuevos desarrollos greenfield”.
Dentro de esa hoja de ruta, la reconversión del Oleoducto de Colombia, con una capacidad proyectada de hasta 12 MMcmd, aparece como una alternativa clave para ampliar transporte sin incurrir en largos procesos de licenciamiento. El fortalecimiento del sistema también pasa por ajustes operativos orientados a ganar flexibilidad.
Según Cabrales, “junto a las ampliaciones bidireccionales en corredores clave del Caribe y el Magdalena Medio, lideradas por Promigas y TGI S.A. E.S.P., aumentan la flexibilidad operativa y la resiliencia del sistema ante mayores importaciones de GNL”. Esa bidireccionalidad, desde su óptica, permite responder con mayor rapidez a cambios en origen, demanda o disponibilidad del gas.
No obstante, el refuerzo del suministro vía GNL tiene efectos económicos claros. Cabrales advierte que “con mayores volúmenes de GNL que refuerzan la seguridad de suministro, se consolidan precios del gas nacional e importado más altos frente al gas doméstico histórico”. Ese ajuste impacta directamente la competitividad del gas natural frente a otros energéticos, presiona costos industriales y condiciona decisiones de consumo y sustitución en distintos sectores.
Finalmente, sostiene que mientras el gas offshore del proyecto Sirius no entre en operación —evento previsto después de 2031—, el desafío inmediato será garantizar que la optimización y reconversión de infraestructura logren absorber el aumento de importaciones sin convertir los corredores existentes en un nuevo cuello de botella para la economía.



