Gasto de los hogares arranca 2026 con su enero más débil, pese al fuerte aumento del salario mínimo

Un informe de Raddar advierte que el consumo familiar creció en términos reales apenas 2,54 % en enero, reflejando cautela financiera y pérdida de liquidez tras la temporada navideña.

El gasto real de los hogares colombianos registró en enero de 2026 el desempeño más bajo para ese mes, en los últimos 17 años, a pesar del incremento histórico de 23,7 % en el salario mínimo.

Aunque el gasto interanual alcanzó $101,01 billones, un 8 % más que en enero de 2025, el crecimiento real se limitó a 2,54 %, lo que evidencia señales de desaceleración tras el fuerte consumo de fin de año.

Según el análisis, la caída mensual responde principalmente a factores estacionales. Diciembre suele concentrar un gasto elevado por primas, ingresos extraordinarios y promociones comerciales, lo que reduce la liquidez de los hogares al iniciar el nuevo año. Esta situación llevó a muchas familias a ajustar sus presupuestos, priorizando el pago de obligaciones y reduciendo compras no esenciales.

En términos corrientes, el gasto creció 8,03 % frente al mismo mes del año anterior, pero el efecto de la inflación moderó el aumento real del poder adquisitivo.

El fundador de la firma, Camilo Herrera, aseguró que se trató del enero con menor crecimiento del gasto en la historia de sus registros, especialmente al compararlo con diciembre de 2025.

El consumo del mes estuvo impulsado por los viajes de comienzos de año y la temporada escolar, que dinamiza la compra de útiles, uniformes y materiales educativos. Sin embargo, este impulso no compensó la contracción observada en otros segmentos del consumo popular, donde predominó la cautela ante precios elevados y la expectativa sobre las políticas económicas del año.

El crédito jugó un papel clave en la sostenibilidad del gasto. La colocación crediticia, incluyendo tarjetas, créditos de consumo e hipotecarios, creció 20,1 % anual, con un aumento de 22,3 % en tarjetas de crédito. Aun así, los niveles de morosidad se mantuvieron bajos, lo que refleja un uso responsable del financiamiento.

El menor dinamismo del consumo responde a diversos factores: aumentos salariales desiguales, persistencia de la inflación y tasas de interés elevadas que limitan la capacidad de compra. Además, la confianza del consumidor mostró una leve caída, impulsada por una percepción más pesimista sobre las condiciones económicas actuales.

El estudio señala que, aunque el salario mínimo real incrementó su capacidad de compra en 16,8 %, los ingresos por trabajador ocupado cayeron 4,3 %, lo que evidencia desigualdad en el acceso a mayores ingresos. Más de dos millones de trabajadores y un millón de pensionados recibieron directamente el aumento salarial, pero el alza de precios redujo parte de ese beneficio.

El análisis por niveles de ingreso muestra diferencias en las prioridades de gasto. En hogares de ingresos bajos y medios predominaron compras de bebidas alcohólicas, tabaco y productos de aseo personal, mientras que en los estratos altos el gasto en salud ganó protagonismo, influido por mayores costos y el interés en aseguramiento privado.

El gasto en vivienda mantuvo una tendencia similar en todos los niveles de ingreso, impulsado por la inflación y costos indexados al salario mínimo, como cuotas de administración en conjuntos residenciales.

Por su parte, vestuario y calzado mostraron desaceleración tras el dinamismo de diciembre, señal de que las compras navideñas anticiparon la demanda de estos productos. La cautela también alcanzó a la canasta básica, donde algunas familias optaron por reducir compras debido a la presión de precios.

El informe concluye que, aunque persisten presiones sobre el poder adquisitivo, factores como la reducción del desempleo, el mayor acceso al crédito y la llegada de remesas podrían sostener el gasto en el corto plazo. No obstante, el repunte inflacionario y las obligaciones típicas de inicio de año, impuestos y pagos indexados, mantienen una tendencia de consumo positiva, pero moderada.