Mientras el mandatario estadounidense dejó abierta la posibilidad de un mayor rol militar, su homólogo ucraniano insistió en que cualquier cesión territorial es inviable por razones constitucionales, respaldado por la firme oposición de Europa a reconocer anexiones forzadas.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, llegó este lunes a Washington acompañado por una delegación europea de alto nivel que incluyó a Giorgia Meloni, Emmanuel Macron, Keir Starmer, Friedrich Merz, Alexander Stubb, Ursula von der Leyen y Mark Rutte. El objetivo central: presentar un frente unido ante el presidente estadounidense Donald Trump para discutir el fin de la guerra con Rusia.
La presencia de los líderes comunitarios refleja la preocupación en Europa frente a las propuestas de Trump, quien en días recientes sugirió que Ucrania podría alcanzar la paz cediendo territorios como Crimea y renunciando a integrarse en la OTAN, una idea que contrasta con los principios europeos de integridad territorial.
Según la analista internacional Brenda Estefan, este acompañamiento “refleja la preocupación europea en medio de la tensión creciente. El mensaje es claro: presentarse como un bloque unido en torno a Ucrania frente a Donald Trump”.
Trump, por su parte, utilizó su red Truth Social para reiterar que tiene la capacidad de resolver el conflicto “en seis meses”, además, dejó abierta la puerta a una mayor implicación de Estados Unidos, afirmando que coordinará con Europa las garantías de seguridad para Ucrania y sin descartar la posibilidad de un despliegue de “fuerzas de paz”.
“La guerra puede terminar rápido si hay voluntad política; nuestra administración dará a Ucrania una protección muy fuerte”, escribió el mandatario, aunque no detalló en qué consistiría esa eventual presencia militar.
En la otra orilla, Zelensky, quien en abril sufrió un revés en su visita al Palacio Oval, evitó confrontar directamente a Trump, pero dejó claro que cualquier discusión sobre cesión de territorios enfrenta límites jurídicos.
“Renunciar a Crimea o al Donbás no es simplemente una decisión política; nuestra Constitución lo prohíbe y cambiarla exigiría reformas prácticamente imposibles”, señaló el presidente ucraniano, reafirmando que su estrategia busca garantías sólidas de seguridad y no concesiones unilaterales que debiliten al Estado ucraniano.
La delegación europea respaldó esa posición: tanto Macron como Meloni insistieron en que Europa no reconocerá anexiones forzadas ni aceptará un alto el fuego sin mecanismos verificables que impidan una reanudación del conflicto. En ese sentido, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, fue enfático al agregar que “la paz duradera no puede lograrse sacrificando la soberanía de Ucrania”.
Finalmente, comentaristas de todos los sectores y espectros ideológicos, consideran que esta cumbre puede convertirse en un punto de inflexión, porque mientras Trump busca presentarse como mediador capaz de forzar un acuerdo con Rusia, Europa intenta equilibrar el proceso y mantener firme la defensa de la legalidad internacional.
“Dos principios sostendrán la posición común europea: Crimea y los territorios ocupados no pueden ser reconocidos como anexados, pues no apoyan la idea de que las fronteras puedan ser modificadas por la fuerza y no se congelarán las líneas de batalla sin garantías de seguridad efectivas”, puntualizó Brenda Estefan.
El desenlace de esta negociación podría redefinir tanto el apoyo occidental a Kiev como el papel de Estados Unidos en la seguridad en esa región del continente.



