Según fuentes consultadas por la prensa internacional, el suministro estaría articulado con las operaciones actuales de Chevron en empresas mixtas con PDVSA. Persisten dudas sobre el acceso de Venezuela a los ingresos, debido a sanciones financieras vigentes y cuentas congeladas de la petrolera estatal.
El entendimiento alcanzado entre Caracas y Washington para exportar hasta USD 2.000 millones en petróleo venezolano hacia Estados Unidos introduce un nuevo elemento en el mapa energético regional. El plan prevé la movilización de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo sancionado, en un momento de ajustes en precios internacionales y reconfiguración de flujos comerciales.
Este movimiento fortalece el rol de Estados Unidos como receptor del crudo venezolano luego de años de restricciones. En la práctica, el suministro estaría apalancado en la operación de Chevron, principal socia de PDVSA en empresas mixtas y única compañía con autorización amplia para exportar crudo venezolano hacia el mercado estadounidense, con volúmenes que se han ubicado entre 100.000 y 150.000 barriles diarios.
Desde el punto de vista financiero, el acuerdo abre interrogantes. PDVSA continúa excluida del sistema financiero internacional, con cuentas congeladas y restricciones para transar en dólares. Por ello, no está claro en qué condiciones el Estado venezolano accedería a los ingresos del petróleo exportado o si estos serían administrados por terceros bajo esquemas fiduciarios o de compensación.
Para los mercados, el anuncio implica mayor oferta disponible en el corto plazo desde el Caribe y puede ejercer presión a la baja sobre los precios de referencia, en especial si los barriles venezolanos desplazan importaciones de crudos pesados provenientes de otros orígenes. Analistas monitorean el efecto sobre WTI y Brent, así como sobre los diferenciales de refinación en la Costa del Golfo.
El acuerdo también podría redirigir cargamentos previamente orientados a Asia, particularmente a China, y aumentar el peso del mercado estadounidense en la absorción del crudo venezolano. Al mismo tiempo, refuerza la posición de Chevron dentro del esquema sancionatorio vigente, mientras se mantienen los límites regulatorios para otras compañías.
Quedan pendientes detalles operativos: calendario de embarques, modalidades contractuales, licencias asociadas y distribución de beneficios económicos. Mientras se precisan esos elementos, el acuerdo confirma que el petróleo venezolano retorna gradualmente al circuito formal de comercio con EE. UU., con impactos financieros y geopolíticos en la región.



