Debate del salario mínimo debe tener en cuenta a jóvenes, informalidad y productividad: Asocajas

De acuerdo con la agremiación, Colombia cuenta con 40,1 millones de personas en edad de trabajar, distribuidas entre generaciones con realidades laborales distintas. En ese universo, 7,4 millones de afiliados reciben entre uno y dos salarios mínimos y el 55 % de los ocupados es informal.

En medio de la discusión sobre el aumento del salario mínimo, la Asociación Nacional de Cajas de Compensación Familiar (Asocajas) advirtió que cualquier ajuste debe evaluarse con base en datos reales del mercado laboral y considerando cómo distintas generaciones sostienen hoy la economía colombiana.

El gremio recordó que el salario mínimo no solo define el ingreso de millones de hogares, sino que también incide en la capacidad de las empresas para mantener y crear empleo formal. “Cuando hablamos del salario mínimo, nos referimos al ingreso con el que millones de trabajadores mantienen a sus familias”, señaló Asocajas, al subrayar que las decisiones salariales tienen efectos directos.

Según cifras del Sistema de Compensación Familiar, 7,4 millones de afiliados devengan entre uno y dos salarios mínimos, mientras 1,5 millones reciben entre dos y cuatro, un dato que, para el gremio, dimensiona el impacto que tiene cualquier ajuste. “También hablamos de la manera en que funciona la economía empresarial y de la capacidad del mercado laboral para recibir este aumento”, indicó la asociación.

Asocajas señaló que 40,1 millones de personas están en edad de trabajar en Colombia, con una fuerza laboral dominada por la Generación X, los Millennials y los Centennials, grupos que enfrentan condiciones laborales muy distintas. “Estos grupos viven, trabajan y se relacionan con el mercado laboral de formas muy diferentes”, advirtió el gremio, al insistir en que una decisión homogénea puede generar efectos desiguales.

Uno de los puntos centrales del pronunciamiento es el desempleo juvenil. De acuerdo con Asocajas, el 74 % del desempleo nacional se concentra en jóvenes, lo que refleja las dificultades estructurales para acceder a un empleo formal. En ese sentido, el gremio alertó que un aumento del salario mínimo debe analizarse con cuidado para no profundizar estas barreras. “Es fundamental evaluar cuánto aumenta, cómo se relaciona con la productividad y si contribuye a cerrar brechas sin afectar la generación de empleo”, sostuvo la organización gremial.

A este panorama se suma la informalidad. El 55 % de los ocupados en el país trabaja por fuera del empleo formal, un segmento para el cual el salario mínimo no siempre opera como referencia efectiva de ingreso. Según el análisis de sus especialistas, en ciertos escenarios, un aumento mal calibrado “puede tener un efecto adverso y rezagar cada vez más a esta población de su camino a la formalidad”.

Finalmente, el gremio insistió en que la discusión debe incorporar una mirada intergeneracional. “Un aumento responsable debe equilibrar las necesidades de los jóvenes que inician su trayectoria laboral, de quienes sostienen a sus familias y de quienes dependen del ingreso de otros para vivir”, concluyó , al pedir que las decisiones se adopten con criterios de sostenibilidad social y económica.