Cifras de homicidios cuestionan la estrategia del presidente Petro para ‘pacificar’ Barranquilla

Aunque el Gobierno nacional anunció acercamientos con estructuras armadas en la capital del Atlántico, un nuevo informe revela que los homicidios no han disminuido de manera sostenida. Expertos advierten que los picos de violencia siguen activos y que la “reducción” podría obedecer a pactos entre bandas, no a una verdadera desactivación del conflicto.

A tres años del inicio del gobierno de Gustavo Petro, la promesa de una “paz total” vuelve a encender el debate nacional, esta vez con epicentro en el Caribe. Según el informe “El homicidio como presión. Las fisuras de la Paz Total en Barranquilla y el Atlántico”, liderado por el académico Janiel Melamed, la supuesta apertura de una mesa de diálogo socio-jurídico con bandas criminales como Los Costeños y Los Pepes ha coincidido con un preocupante vaivén en las cifras de homicidios.

Los registros oficiales del Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (SIDCO) muestran que, tras un descenso inicial en los asesinatos durante mayo (34 casos) y julio (35 casos), los picos de homicidios en junio (46 casos) y el comportamiento inestable en lo corrido del año revelan una tendencia volátil.

“Se puede anticipar un apaciguamiento armado impuesto por las estructuras criminales para mantener bajas las cifras mientras se instalan las mesas”, señala el informe. El problema, advierte Melamed, es que ese “descenso artificial” termina generando una falsa percepción de seguridad.

Además, las cifras del Atlántico no son más alentadoras. Aunque la tasa actual es de 9,9 homicidios por cada 100 mil habitantes, el número de casos reportados este año (54) evidencia un comportamiento similar al de 2024, sin mejoras estructurales. “Los homicidios dinamizados por el cruento enfrentamiento entre estructuras criminales se mantienen como el principal riesgo a la gobernabilidad territorial en Barranquilla y el Atlántico”, subraya Janiel Melamed en su extenso hilo.

El análisis también cuestiona el momento político en que se haría el anuncio de la mesa. “Abrirla en el último cuatrimestre del año (sep–dic) buscaría condicionar la reducción de homicidios en los meses con mayor violencia, atribuirse esa disminución como éxito nacional y proyectar logros de cara a las elecciones de Congreso y Presidencia de 2026”, se lee en uno de los trinos del investigador.

A esto se suma la designación de Armando Benedetti como delegado del Gobierno para los acercamientos, una figura cuestionada y sin experiencia comprobada en procesos de negociación con actores armados.  El precedente de mesas en Medellín, Buenaventura y Quibdó también arroja luces de alarma.

Aunque inicialmente se registran bajas en los índices de homicidio, “con el tiempo pierden efecto por falencias metodológicas, normativas y presupuestales del Gobierno nacional”, cuestiona Janiel Melamed.

Finalmente, concluye que, lejos de consolidar una política de paz territorial, la estrategia en Barranquilla parece repetir un libreto de improvisación, donde las bandas criminales siguen marcando el ritmo de la violencia, y la institucionalidad corre el riesgo de legitimar su poder con fines electorales.