Un análisis reciente sostiene que el país enfrenta disparidades regionales persistentes que limitan la productividad y dificultan el aprovechamiento de oportunidades en comercio exterior y urbanización. El estudio describe un “equilibrio de baja productividad” en el que varias regiones convergen hacia niveles inferiores de ingreso, mientras se concentra la mayoría de las exportaciones no petroleras en unos pocos departamentos.
Colombia, según el Banco Mundial, no solo convive con grandes brechas sociales y territoriales, sino que está atrapada en una estructura económica que restringe su desempeño. El organismo describe la situación como “un bajo equilibrio de productividad en todos los sectores”, en el que la combinación de debilidades en capital humano, infraestructura y funcionamiento de mercados frena el crecimiento sostenido.
El informe muestra que esas debilidades no se distribuyen de manera uniforme. A partir de indicadores de ingreso y necesidades básicas insatisfechas, el país se organiza en grupos de departamentos que evolucionan a distintas velocidades. En el caso de los territorios más rezagados, el estudio advierte que “los departamentos de la Región 4… están convergiendo a un nivel… diferente (más bajo)” de PIB per cápita, lo que sugiere que el tiempo, por sí solo, no cerrará las brechas.
Los investigadores también se detienen en el papel de las ciudades. Para el Banco Mundial, la urbanización colombiana no se ha traducido en ganancias claras de productividad debido a la congestión, el déficit de vivienda y los altos costos de transporte. El documento concluye que “la congestión vehicular, la escasa oferta de vivienda y los elevados costos de transporte obstaculizan la competitividad” de los principales centros urbanos, lo que debilita su capacidad de convertirse en motores de integración territorial.
Ese patrón urbano se conecta con la inserción internacional. La publicación señala que las exportaciones no minero-energéticas se originan sobre todo en departamentos de mayores ingresos. En particular, indica que “los departamentos de la Región 1… representan el 78% de las exportaciones no petroleras”, concentradas en Antioquia, Bogotá, Valle del Cauca y Atlántico, mientras otras regiones mantienen estructuras productivas menos diversificadas.
En el frente fiscal, el Banco Mundial analiza el Sistema General de Participaciones como principal herramienta de redistribución entre territorios. Aunque reconoce que las transferencias ayudan a igualar ingresos per cápita, cuestiona su impacto en resultados de capital humano y resalta el peso de la reforma aprobada en 2024. Según el documento, la ley reciente ordena “aumentar gradualmente el fondo común del SGP al 39,5% en un periodo de 12 años”, lo que abre una discusión de fondo sobre reglas, incentivos y eficiencia del gasto territorial.
Finalmente, para el organismo multilateral, el desafío va más allá de subir montos o ampliar coberturas. La recomendación central es vincular la agenda de integración regional con cambios en gobernanza, asignación de competencias y calidad del gasto local, de modo que las ciudades y los departamentos puedan traducir los recursos en productividad, mejores servicios y una inserción más equilibrada en la economía nacional e internacional.



