La organización delincuencial combina jerarquías militares, redes de apoyo y control social para expandirse en más de 300 municipios, fortaleciendo economías ilegales como la extorsión y consolidando un modelo de gobernanza criminal con capacidad de reproducción territorial.
El Clan del Golfo mantiene una estructura salarial que evidencia su capacidad financiera y su modelo de organización interna. Según datos de trabajo de campo y fuentes institucionales, un comandante de frente puede recibir cerca de 17 millones de pesos mensuales, mientras que un segundo comandante percibe alrededor de 12 millones y los responsables administrativos unos 10 millones.
En los niveles medios, los cabecillas urbanos devengan cerca de 3,5 millones y los patrulleros armados unos 2,2 millones, mientras que los puntos o campaneros reciben alrededor de 1,5 millones. La politóloga María Victoria Llorente, directora ejecutiva de la Fundación Ideas para la Paz, afirma que esta estructura responde a un diseño organizativo sofisticado.
“El Clan del Golfo es el grupo más cohesionado y con mayor capacidad de reproducción territorial. Opera como una federación criminal con reglas internas, cadenas de mando y capacidad de financiar grandes nóminas mensuales”, señala.

De acuerdo con su análisis, el grupo —que se autodenomina Ejército Gaitanista de Colombia— cuenta con cerca de 10.000 integrantes distribuidos en seis bloques y 40 frentes, con presencia en más de 300 de los 1.123 municipios del país. “Es la organización ilegal con mayor capacidad militar, económica y expansiva del país”, subraya Llorente.
Esta estructura amplia y bien jerarquizada, implica altos niveles de liquidez. “Se sabe que el Clan del Golfo destina por lo menos 1,5 millones de dólares al mes para pagar las nóminas de todos sus frentes, lo que lo obliga a tener una alta liquidez y, por ende, depredar todo lo que encuentre”, advierte. En ese contexto, agrega que “esto explica en parte la disparada de la extorsión a diestra y siniestra”, como mecanismo para sostener el control territorial.
Llorente también destaca la transformación del modelo operativo de los grupos armados. “El peso creciente de las redes de apoyo es un distintivo clave del momento actual”, afirma la experta, al explicar que estas estructuras duplican el número de combatientes armados y cumplen funciones de vigilancia, inteligencia y regulación social. “Las redes cumplen funciones de vigilancia, inteligencia, regulación legal e ilegal, cobro de extorsiones y administración de normas locales”, precisa.
Según la experta, este modelo permite ejercer control territorial sin grandes concentraciones armadas, lo que altera significativamente la ecuación de seguridad. “El número de integrantes de sus redes duplica a los hombres en armas, lo que explica en gran parte su crecimiento explosivo y su capacidad para ejercer control”, concluye.
Para la Fundación Ideas para la Paz, la combinación de financiamiento robusto, estructura jerárquica y redes de apoyo convierte al Clan del Golfo en el principal desafío para la política de seguridad en Colombia, especialmente en territorios donde la presencia estatal es débil y las economías ilegales se consolidan como forma de gobernanza de facto.



