Datos dan cuenta de una contracción de 6,2 % en la explotación de minas y canteras durante 2025, con descensos en carbón, petróleo y minerales metalíferos. El comportamiento refuerza las advertencias sobre un debilitamiento estructural del sector y sus efectos en las finanzas públicas, las exportaciones y el debate sobre la transición energética.
La economía colombiana creció 2,6 % en 2025, pero la explotación de minas y canteras se contrajo 6,2 %, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), lo que evidencia un desacople entre el desempeño agregado del país y uno de sus sectores estratégicos para ingresos fiscales, exportaciones y seguridad energética.
Este retroceso anual estuvo impulsado por caídas generalizadas en los principales subsectores. La extracción de carbón disminuyó 7,4 %, afectando el flujo de divisas y las exportaciones, mientras la producción de petróleo y gas natural cayó 4,3 %, con efectos directos sobre regalías y recaudo tributario.
Los minerales metalíferos registraron la mayor contracción, con una caída de 13,5 %, lo que refleja la debilidad de la inversión y la menor actividad exploratoria. Otras minas y canteras descendieron 0,8 %, y las actividades de apoyo al sector retrocedieron 5,2 %, confirmando un deterioro transversal de la cadena productiva.
En contraste, el dato trimestral ajustado muestra un leve crecimiento de 1,2 % en el cuarto trimestre frente al tercero, lo que sugiere una estabilización marginal, aunque insuficiente para revertir la tendencia anual negativa del sector.
Sergio Cabrales, economista y analista del sector minero energético, advirtió que “el valor agregado del sector de explotación de minas y canteras cae, lo que evidencia un desacople respecto del crecimiento agregado de la economía”, subrayando la pérdida de peso del sector dentro de la estructura productiva nacional.
El experto también señaló que “el desempeño confirma una tendencia de debilitamiento estructural del sector minero-energético”, lo que plantea riesgos fiscales y externos en un contexto donde los hidrocarburos y el carbón siguen siendo determinantes para el equilibrio macroeconómico.
Este panorama reabre el debate sobre la transición energética y la diversificación productiva. La reducción sostenida de la actividad extractiva obliga a replantear fuentes de ingresos públicos y estrategias de inversión que compensen la caída de un sector que históricamente ha financiado una parte significativa del gasto estatal.
Finalmente, Cabrales puntualiza que el comportamiento del sector en 2025 sugiere que la transición energética en Colombia no solo implica cambios ambientales y tecnológicos, sino ajustes fiscales, comerciales y productivos que definan la sostenibilidad económica en el mediano plazo.



