Con mayor dependencia de gas importado y precios más expuestos a referencias internacionales, el mercado enfrentó mayores costos y vulnerabilidades operativas. El desempeño del año pasado reabrió el debate sobre la falta de nuevas fuentes de producción, los rezagos en infraestructura y la capacidad del Gobierno para anticipar riesgos de seguridad energética.
La producción comercializada de gas natural en Colombia cerró 2025 con una caída del 17,3 %, al promediar 793,1 KBPD frente a 958,8 KBPD en 2024. La contracción fue persistente a lo largo del año y se profundizó en el último trimestre, elevando riesgos de precios y de seguridad del suministro en un sistema con menor holgura operativa.
Registros mensuales confirman que ningún mes de 2025 alcanzó los niveles del año previo. El punto más crítico se presentó en diciembre, cuando la producción cayó a 677 KBPD, una brecha interanual de 24,4 % frente a diciembre de 2024 (896 KBPD). El desempeño anual también se ubicó por debajo del rango observado entre 2020 y 2024, lo que descarta una explicación estacional y apunta a una pérdida estructural de oferta.
Ese deterioro productivo alteró la matriz de abastecimiento. Con menor disponibilidad local, las importaciones de gas pasaron a cubrir cerca del 18 % de la demanda, una proporción inusual para el país. Para el economista Sergio Cabrales, “la menor producción nacional ha impulsado las importaciones hasta ese nivel, aumentando la dependencia externa y el riesgo asociado”. La mayor exposición incluye factores logísticos, cambiarios y de precios internacionales.
En precios, el efecto es directo. Cabrales explicó que “el mayor peso del gas importado, que entra a precios más elevados, se traduce en presiones alcistas sobre el precio interno del gas natural y en un aumento del precio del gas nacional”. En términos de mercado, el precio marginal incorpora esos costos, con impacto sobre contratos y expectativas tarifarias.
Desde la óptica operativa, la restricción de oferta reduce el margen de respuesta del sistema. “Cuando aumenta la demanda de las plantas térmicas —como ocurre durante episodios de El Niño—, la menor producción local incrementa el riesgo de racionamiento”, advirtió el economista. El riesgo no es inmediato, pero sí acumulativo ante choques de demanda.
Las cifras oficiales de la Agencia Nacional de Hidrocarburos respaldan el diagnóstico y reabren el debate sobre la política energética. Mientras el consumo crece y las reservas enfrentan presión, los avances en nueva oferta y en infraestructura no han sido proporcionales a la magnitud del ajuste productivo. En ese contexto, Cabrales puntualizó que “se requiere acelerar la incorporación de nuevas fuentes de oferta —convencional y no convencional— y fortalecer la infraestructura de importación”, una agenda que el Gobierno aún no concreta al ritmo que exigen los datos.



