El giro contrasta con el ciclo expansivo observado entre 2021 y 2023 y reabre el debate sobre el impacto de la incertidumbre regulatoria, la política tributaria y la credibilidad macroeconómica en las decisiones de inversión.
La inversión extranjera directa en Colombia completó en 2025 su segundo año consecutivo en terreno negativo, consolidando un quiebre frente a la recuperación registrada tras la pandemia. De acuerdo con la información del Banco de la República, luego de crecer 57 % en 2022 y 17 % en 2023, los flujos de capital comenzaron a contraerse de forma sostenida: −19 % en 2024 y −14,1 % en 2025.
Este comportamiento anual da cuenta de una desaceleración progresiva desde finales de 2023. A lo largo de 2024, la IED registró caídas mensuales superiores al 30 % y, en algunos momentos, descensos cercanos al 50 %, lo que marcó uno de los periodos más débiles del indicador en la última década.
Aunque hacia el cierre de 2025 se observan repuntes puntuales, el balance agregado confirma un entorno menos favorable para la llegada de capital extranjero. Para el exministro de Comercio, Industria y Turismo José Manuel Restrepo Abondano, el retroceso de la inversión no responde a factores externos ni a un ciclo global adverso. “La inversión extranjera directa no cae por casualidad. Luego de buenos datos en 2021, 2022 y 2023, Colombia entró en terreno negativo en 2024 y 2025, y no es por el entorno internacional, sino por desconfianza interna”, afirmó.
En su análisis, Restrepo atribuyó este deterioro a una combinación de decisiones domésticas que han afectado la percepción de riesgo país. Entre los factores mencionados figuran cambios regulatorios improvisados, mensajes adversos al sector empresarial, inseguridad jurídica, cuestionamientos a sectores estratégicos y el debilitamiento de los anclajes fiscales, particularmente tras la suspensión de la regla fiscal. A su juicio, estas señales han elevado la incertidumbre y encarecido las decisiones de inversión de largo plazo.
Adicionalmente, el exministro señaló el impacto de la reforma tributaria aprobada a finales de 2022, la cual —según indicó— incrementó de manera significativa la carga combinada sobre empresas y empleo. En ese contexto, advirtió que la inversión tiende a retraerse cuando se combina incertidumbre normativa con aumentos abruptos en la presión fiscal, reduciendo la competitividad frente a otros mercados de la región.
El debate adquiere mayor relevancia de cara al próximo ciclo político y económico. En ese sentido, Restrepo, planteó la necesidad de recuperar reglas claras y estables, respetar contratos y licencias, fortalecer la credibilidad macroeconómica, revisar la carga impositiva y abandonar la ideología como sustituto de la política pública.
“Sin inversión no hay crecimiento; y sin crecimiento no hay empleo ni política social sostenible”, concluyó, al señalar que el desempeño reciente de la IED funciona como una señal temprana de los costos económicos asociados a la desconfianza y como un indicador clave para evaluar la recuperación en 2026.



