La Defensoría del Pueblo y diversas figuras públicas cuestionaron el uso de la burla personal en campaña, reabriendo el debate sobre los límites del humor político, la violencia simbólica y los estándares democráticos del debate electoral.
Una publicación en la red social X por el caricaturista Julio César González, conocido como Matador, desató una controversia política tras burlarse de la senadora Paloma Valencia mediante una frase y un montaje visual que, para distintos sectores, desplazaron la discusión del plano programático hacia el agravio personal. El trino alcanzó amplia difusión y activó respuestas institucionales y partidistas.
En el mensaje, Matador escribió: “Como diría Jaime Garzón, Paloma Valencia no se ‘dirige’ al país. Se ‘digiere’ al país”, acompañando la frase con imágenes que contrastaban una escultura de paloma con fotografías de la congresista. Para las voces críticas, el contenido no cuestionó ideas ni posiciones políticas, sino que recurrió a la burla corporal como mecanismo de confrontación.
La polémica adquirió mayor relevancia por el contexto preelectoral. Matador es hoy candidato al Senado por el Pacto Histórico, mientras que Paloma Valencia figura entre las principales aspirantes presidenciales del Centro Democrático. La coincidencia de estos roles elevó el episodio a un hecho político con implicaciones más amplias sobre el tono de la campaña.
Desde la Defensoría del Pueblo, su titular Iris Marín Ortiz calificó el contenido como una expresión de discriminación contra la mujer en la política. En su pronunciamiento señaló que “la burla, vacía de contenido, acude a estereotipos sobre el cuerpo de la mujer” y recordó que la entidad promueve un compromiso por elecciones libres y en paz que incluye no incurrir en violencia simbólica ni prácticas discriminatorias. “Hemos invitado a candidatos, candidatas, medios y líderes de opinión a suscribirlo”, afirmó.
El Centro Democrático rechazó el trino y cuestionó la coherencia ética del autor al aspirar a un cargo de elección popular. En un comunicado, el partido sostuvo que “es difícil conciliar la bandera de la ‘defensa de las mujeres’ con la inclusión de alguien con tales antecedentes” y calificó el episodio como “una muestra de bajeza y maltrato”, insistiendo en que el debate democrático debe centrarse en ideas y propuestas, no en ataques personales.
A la crítica institucional y partidista se sumaron voces de otros sectores. La exministra María Claudia Lacoutureadvirtió que “el humor inteligente cuestiona ideas; el chiste fácil suele caer sobre las mujeres” y añadió que “la democracia se discute con argumentos, no con degradaciones”. En la misma línea, la representante Carolina Arbeláezalertó sobre la normalización de la violencia verbal contra mujeres en escenarios de poder, independientemente de la filiación ideológica.
Más allá del cruce coyuntural en redes, el episodio reactivó cuestionamientos sobre la coherencia pública del autor del trino. En el debate reapareció el antecedente de su salida del diario El Tiempo, ocurrida tras conocerse denuncias por presunto maltrato contra su entonces esposa, asunto que derivó en actuaciones judiciales y fue ampliamente documentado en su momento por distintos medios. Ese historial es citado recurrentemente cuando se evalúa su rol en el espacio público y su actual aspiración política.
En ese contexto, distintas voces advirtieron que la controversia no solo interpela los límites del humor político, sino la responsabilidad ética de quienes buscan representación popular. Para sectores institucionales y políticos, el uso reiterado de la burla personal —especialmente contra mujeres— refuerza la urgencia de exigir estándares más altos de conducta y argumentación en una campaña que se libra, cada vez más, en el terreno de las redes sociales.



