1,6 millones de hogares colombianos aún utilizan leña para cocinar

Exposición al humo en espacios cerrados impacta la salud respiratoria, aumenta la carga de cuidado en los hogares y presiona ecosistemas frágiles por la extracción de biomasa. Superar esta situación exige infraestructura en territorios dispersos, esquemas de subsidios focalizados, estufas limpias y certidumbre regulatoria, además de coordinación entre autoridades locales y nacionales para cerrar las brechas de pobreza energética.

Los más recientes datos sobre el uso de energéticos para cocción en Colombia muestran avances en cobertura, pero también una brecha estructural que persiste, sobre todo en áreas rurales dispersas. El gas natural es hoy el energético predominante en los hogares: lo usa el 64 % de las familias. Le sigue el GLP (gas en cilindros), con el 22 %, consolidado como la alternativa principal donde no hay redes de distribución.

No obstante, el 11 % de los hogares aún cocina con leña y madera. En números absolutos equivale a cerca de 1,6 millones de hogares de un total de 15,2 millones en el país. La ruralidad marca la diferencia: aproximadamente 1,5 millones de estos hogares están ubicados por fuera de cabeceras municipales, lo que evidencia limitaciones de infraestructura, costos de conexión y dificultades logísticas para el suministro continuo de energéticos modernos.

El uso de electricidad para cocinar tiene una participación marginal cercana al 3 %, mientras que el carbón mineral, combustibles líquidos y materiales de desecho prácticamente no aparecen en la estructura energética. Sin embargo, el dato crítico sigue siendo la leña, por sus implicaciones sociales, sanitarias y ambientales.

En términos de salud pública, la exposición prolongada al humo dentro de las viviendas está asociada a enfermedades respiratorias crónicas y afecta especialmente a mujeres, niños y personas mayores que permanecen más tiempo en la cocina. En lo ambiental, la recolección de leña contribuye a la presión sobre coberturas boscosas en regiones ya vulnerables.

Los retos de política pública son claros: cerrar la brecha entre zonas urbanas y rurales, ampliar redes y abastecimiento de gas natural y GLP, y promover tecnologías de cocción limpias. Finalmente, expertos en la materia sostienen que la transición energética del país no solo pasa por nuevas fuentes, sino por garantizar que todos los hogares puedan dejar definitivamente la leña como necesidad y no como única opción disponible.